jueves, 4 de octubre de 2007

Trollskogen


23 de Septiembre de 2007.

Hoy será un día especial, por lo pronto parece que hará sol. El Naturbussen (el bus que nos llevará a nuestro objetivo) sale a las 9, así que preparamos rápido un poco de fruta, cámara de fotos y algo de abrigo y nos bajamos en bici al centro hasta la parada. Es una mañana fría pero limpia, creo que tendremos suerte.
Al montarnos en el bus, una especie de guía-intérprete o monitor, nos pregunta a donde nos dirigimos y comenta las características más destacables de cada uno de los parajes que podríamos visitar. El bus hace un recorrido circular por todo el parque y tiene paradas en distintos lugares, de modo que al comprar un pase de día para el bus (30 sek o 3€) puedes coger el bus durante todo el día y visitar más de un lugar. Pero nosotros en un principio queremos empezar por Skrylle, como toma de contacto, y volver a casa para comer.
Intento fijarme en el trayecto, pensando en mi reto con la bici, pero la carretera por la que nos dirigimos no tiene carril bici y pronto nos desviamos para seguir la ruta del bus, que creo da más vuelta.
Al fin aparece la parada de Skrylle, pero cuando hacemos el ademán de bajar, el monitor nos dice que no es la nuestra, que aun queda. Nos quedamos un poco extrañados pero confiamos en su consejo y esperamos. Poco a poco, tras pasar Dalby (un pueblecito en las inmediaciones del parque) nos vamos adentrando en mágicos bosques, salpicados por amplios campos de cultivo.















Hasta que al fin, nos dan las indicaciones para bajar y quedamos en mitad de un frío bosque al que la luz no se atreve a entrar. No es Skrylle, es Trollskogen (troll=criatura fantástica y kogen=madera o bosque), un lugar que nos había recomendado el monitor y en el que no nos habría resultado extraño encontrar un troll.



Al principio es un poco desconcertante, no sabemos por donde ir, pero pronto descubrimos que hay una ruta marcada, si seguimos los árboles pintados de naranja.
Tenemos unas 3 horas para patear, así que nos ponemos en marcha, tímidos y fascinados, caminado a través de los mundos de Tolkien.




















Mira, mira, un hobbit!!! Je,Je!!























Todo está húmedo y vivo a la vez, y aquellos rincones donde la luz consigue ganar la batalla, colman de magia el bosque.

































Los árboles desafían la teoría de la gravedad y del fototropismo y adquieren formas retorcidas con un extraño dinamismo que se opone a su supuesto estado estático. Ciertamente, comienzo a entender el sentido de su nombre, aunque yo los habría relacionado con los Entz antes que con los trolls.



































Pronto empieza la fiebre por las setas, que salen a saludarnos entre grietas de troncos y hojarasca. Me sumerjo en un baño de olores y sensaciones que embriaga todo mi ser, y solo la espera de mis compañeros de excursión, consigue sacarme momentáneamente de ese estado.














Vamos avanzando, yo sigo mi búsqueda de tesoros, siempre fue así, desde que era niña, ir al campo siempre fue ir a buscar tesoros, una piedra, una flor, una seta, una lejana montaña que te llama a gritos…con la edad los tesoros son los mismos, que mayor tesoro que cazar con mi cámara un auténtico ejemplar de vida y poder tenerlo siempre presente. Que mejor tesoro que encontrar una fría piedra y sentir que estaba ahí para que tu la encontraras…
Cuando estudié biología buscaba, simplemente, el mejor entendimiento de lo que me rodea, de todos aquellos tesoros que me gusta encontrar, pensaba que al entender como funcionaban, brillarían aun más. Y lo cierto es que los tesoros brillan igual, pero estudiar biología me ha ayudado a encontrar más tesoros y a ver tesoros donde antes era incapaz de verlos.
Lo cierto es que conforme pasa el tiempo voy comprendiendo que no tengo un espíritu científico, es algo duro de admitir cuando tu trabajo está marcado por las teóricas normas de la ciencia, cuando llevas tanto tiempo y esfuerzo volcado en ella. La cuestión es que el brillo de todas estas cosas ya no lo percibe la ciencia actual, no lo contempla, lo ignora, lo minimiza para no tener obstáculos y por eso no termino de sentirme parte de ella.
Pero en mi opinión, he de decir que los pilares de la ciencia se asientan en gente que amaba estos tesoros, y que supo ver el brillo que estos despiden. Lo que vino después y lo que vendrá, es solo consecuencia de otra de esas partes del alma humana, que se esfuerza por seguir adelante, más y más, y no sabe parar a tiempo.
En fin, paseando por este paraje, desfruté enormemente, me reí viendo a María pararse a coger lombrices a cada instante y me tomé el plátano que mejor me ha sabido en la historia, sentada delante de un laguito rodeada de familias de Suecia que llevan a los niños a coger renacuajos o pececitos o algo por el estilo.













La soledad me cogía la mano en aquellos lugares donde mi niño habría disfrutado enormemente, y yo paseaba con ella, con una leve sonrisa, ya que imaginaba el momento en el que le enseñaría todo esto a él y la soledad tendría que pasear sola, detrás nuestra, torturada por la envidia.

La jornada fue corta, pero intensa, regresamos para comer con la certeza de que volvería, muy pronto.