30 de Septiembre de 2007:
Día gris, más para María que para mi, porque Paul vuelve a España y volveremos a quedar solo ella y yo, en este mundo de locos que se hacen los Suecos... Pero no todo es malo, tras la partida de Paul debemos coger un tren a Copenhague, hemos quedado allí con los amigos de María que llegaron a principio de semana. Son gente maja, el jueves cenamos en el centro y ayer en casa, y lo cierto es que me encuentro muy a gusto entre ellos…veremos si tras este fin de semana sigo pensando igual. Siempre asusta un poco irte con un grupo de amigos de toda la vida, siendo tu el único extraño, pero yo creo que saldrá bien, simplemente uno debe saber a lo que va y no pedirle peras al olmo.
Día gris, más para María que para mi, porque Paul vuelve a España y volveremos a quedar solo ella y yo, en este mundo de locos que se hacen los Suecos... Pero no todo es malo, tras la partida de Paul debemos coger un tren a Copenhague, hemos quedado allí con los amigos de María que llegaron a principio de semana. Son gente maja, el jueves cenamos en el centro y ayer en casa, y lo cierto es que me encuentro muy a gusto entre ellos…veremos si tras este fin de semana sigo pensando igual. Siempre asusta un poco irte con un grupo de amigos de toda la vida, siendo tu el único extraño, pero yo creo que saldrá bien, simplemente uno debe saber a lo que va y no pedirle peras al olmo.
Cuando despedimos a Paul en la estación cogemos el tren sin ninguna gana, ni María ni yo tenemos cuerpo de viaje, de fiesta o algo por el estilo, pero hay que hacer un esfuerzo. El viaje es rápido y pronto estamos en otra ciudad, en otro país. La estación es un tanto caótica, hay mucha gente de todo tipo y mi “chip” de desconfianza se activa, sobre todo cuando hacemos cola para cambiar algunas coronas Suecas por coronas Danesas…yo no sé para que queremos el Euro!!!
Salimos en busca del albergue con las indicaciones que los amigos gallegos nos han dado. Pronto ese gris plomizo me hiela el ánimo, será el día, será la lluvia, seré yo o será la ciudad…no podría decirlo, pero esa fue mi primera impresión de Copenhague. Tras unos minutos de incertidumbre encontramos nuestro albergue, un rascacielos inmenso al lado de un puente, al entrar nuestra sorpresa sigue creciendo, es todo nuevo y más parece un hotel que un albergue. Cansadas nos sentamos en el hall y esperamos a que llegue la pandilla. Al llegar nos organizamos y subimos a la habitación, una habitación de 8 plazas, asusta un poco la idea, pero curiosamente la sorpresa sigue siendo grata.
Tras un café decidimos ir a visitar el barrio de Cristiania, famoso por ser bohemio y porque hay “culturilla de porros”. Tras despistarnos varias manzanas, cojo el mapa y el mando de la expedición y pongo rumbo a ese bohemio lugar, pero entre la oscuridad que nos rodea solo veo yates en los canales y pisos nuevo y preciosos. Empiezo a pensar que tenía equivocado el concepto de bohemio… comienza a hacerse tarde así que buscamos un lugar para cenar…otro italiano para variar.
Tras un café decidimos ir a visitar el barrio de Cristiania, famoso por ser bohemio y porque hay “culturilla de porros”. Tras despistarnos varias manzanas, cojo el mapa y el mando de la expedición y pongo rumbo a ese bohemio lugar, pero entre la oscuridad que nos rodea solo veo yates en los canales y pisos nuevo y preciosos. Empiezo a pensar que tenía equivocado el concepto de bohemio… comienza a hacerse tarde así que buscamos un lugar para cenar…otro italiano para variar.
Tras un magnifico plato de pasta fresca y 75dL de buena cerveza, encaminamos nuestros pasos en busca de la marcha nocturna de Copenhague.
Mucha gente en las calles pero siempre en dirección contraria a la nuestra…al final terminamos en un típico Pub ingles con fútbol en la tele y un montón de gente bebiendo cerveza.
Pronto el agotamiento hace su aparición y me retiro con los más tempraneros hasta el albergue, mañana debemos visitar varios lugares y necesito dormir, pero me acuesto con un buen sabor de boca, sentirse entre amigos con gente que acabas de conocer es más de lo que podía esperar de este viaje.
1 de Octubre de 2007
Cambiamos de mes, parece mentira pero ya llevamos un mes en estas tierras. Me asusta la idea de que todo empiece a ralentizarse y que lo que me queda por delante transcurra lentamente.
Me levanto la primera con ganas de una ducha rápida y un buen desayuno, pero cuando se trata de 8 la palabra rápido no existe. Debemos ducharnos todos y recoger la habitación en una hora. A las 9 debe estar todo el mundo fuera, no solo nosotros, sino todo el albergue. El caos se desata pronto y tras esperar 10 minutos para coger el ascensor, decidimos bajar andando las 8 plantas que nos separan de recepción. Al llegar abajo no doy crédito a lo que veo, el acogedor hall que nos sorprendió el día anterior estaba invadido por mochilas y gente tirada por todos lados, apenas encontramos hueco para dejar las mochilas en el suelo e ir a preguntar por el desayuno, que más que por hambre fue por necesidad de espacio.
Cada desayuno cuesta un ojo de la cara así que decidimos organizarnos, los 4 primeros en bajar desayunamos y tras comprobar la falta de control, pasamos nuestras bandejas a los 4 restantes y nos ahorramos la mitad. Yo hago un desayuno copioso ya que no nos quedan coronas danesas y sé que no probaré bocado hasta las 3 o las 4 de la tarde.
Al salir cargados como burras, decidimos dejar las mochilas en la consigna de la estación de tren y liberar nuestras espaldas para nuestra ruta turística de la mañana.
Cambiamos de mes, parece mentira pero ya llevamos un mes en estas tierras. Me asusta la idea de que todo empiece a ralentizarse y que lo que me queda por delante transcurra lentamente.
Me levanto la primera con ganas de una ducha rápida y un buen desayuno, pero cuando se trata de 8 la palabra rápido no existe. Debemos ducharnos todos y recoger la habitación en una hora. A las 9 debe estar todo el mundo fuera, no solo nosotros, sino todo el albergue. El caos se desata pronto y tras esperar 10 minutos para coger el ascensor, decidimos bajar andando las 8 plantas que nos separan de recepción. Al llegar abajo no doy crédito a lo que veo, el acogedor hall que nos sorprendió el día anterior estaba invadido por mochilas y gente tirada por todos lados, apenas encontramos hueco para dejar las mochilas en el suelo e ir a preguntar por el desayuno, que más que por hambre fue por necesidad de espacio.
Cada desayuno cuesta un ojo de la cara así que decidimos organizarnos, los 4 primeros en bajar desayunamos y tras comprobar la falta de control, pasamos nuestras bandejas a los 4 restantes y nos ahorramos la mitad. Yo hago un desayuno copioso ya que no nos quedan coronas danesas y sé que no probaré bocado hasta las 3 o las 4 de la tarde.
Al salir cargados como burras, decidimos dejar las mochilas en la consigna de la estación de tren y liberar nuestras espaldas para nuestra ruta turística de la mañana.
Dado el éxito de la noche anterior, el grupo decide entregarme el timos del barco y me entregan el mapa para que los conduzca a la famosa sirenita, así vamos calle a calle, palacio a palacio, canal a canal, recorriendo esta ciudad gris.Pero, aunque mis ojos reconocen la belleza y monumentalidad de la ciudad, las imágenes pasan ante ellos sin calarme dentro...quizá si estuviera aqui mi niño...
Lo cierto es que hay lugares que sin ser extraordinariamente bellos o importantes, consiguen echar el ancla en tu corazón, se filtran poco a poco y hacen que desees volver, pero curiosamente una vez que he estado en Copenhague, aun sabiendo que no he visto ni una mínima parte de la ciudad, siento que no ha surgido ningín vínculo especial para volver.
Al cabo de todo un día caminando, del desengaño de la sirenita y de un tiempo bastante penoso, encontré algo que alegrará mi recuerdo cuando piense en este viaje, sí. En la estación de Copenhague encontré “el hobbit” en ingles, al fin un libro esperado para leer.
Al regresar a Lund comimos un exquisito plato de pollo con setas y regresamos a casa tras tomarnos el café. La semana acababa para dar paso a una nueva, todo el mes de octubre por delante y mil cosas por hacer aun. Una sensación extraña me decía que iba a ser duro.
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