13 de Septiembre de 2007.
Un día más, levantarse temprano desayunar café o cereales y para el lab. Cada día llegamos más temprano, nunca después de las 7:30. Para que luego digan de los Españoles, cuando llegamos allí no hay ningún sueco al que darle los buenos días...
Pero aunque parece un día normal, hoy será un día especial, sobre todo para María, porque viene Paul, su novio, a pasar unos días con nosotras (en realidad viene a pasarlos con María, pero entramos Marie y yo en el lote).
La mañana se desarrolla con normalidad, lo cierto es que nos vamos encontrando más cómodas y el trabajo está empezando a ser una rutina más, como siempre.
Por la tarde me marcho un poco antes para ir al gimnasio y luego bajar con María al centro, ella se quedará a esperar a Paul, pero hemos decidido ir antes a comprar toallas.
Al salí del gimnasio no pude soportar la tentación, llevaba viendo ese edificio desde que llegamos pero nunca había parado para plasmarlo en una foto, es un edificio sobrio pero es como si estuviese vivo, y es que parte de él lo está...
Lo cierto es que cuando el sol comienza a bostezar en Lund, todo comienza a despedir un brillo mágico que va calando poco a poco en uno, hasta que te inunda por completo. No he vivido muchas tardes de sol aquí, pero ese brillo, esa luz siempre nace cuando el día está a punto de morir.
Cualquier físico lo explicaría diciendo que la inclinación de los rayos al incidir sobre esta zona, según las latitudes en las que nos encontramos, y patatín y patatán, pero yo sé que es magia, porque yo lo siento así. Porque la magia no es algo que no tiene explicación científica, noooooo, la magia es algo que te envuelve y se siente muy dentro, está entre el inquieto miedo y la tranquila certeza, ahí está la magia.
En fin, tras comprar las toallas, dimos un pequeño paseo que nos dejó disfrutar de esa magia por el centro, antes de que yo me subiera cargada con mochila, portátil, toallas y demás enseres del gimnasio.
Al ratito llegó María con Paul, era casi la hora de cenar, así que nos pusimos manos a la obra.
Ciertamente Paul fue una buena adquisición como compañero de piso, no porque nos mime y nos prepare comida y demás, es un chico entrañable con el que es fácil mantener una conversación, siempre y cuando no toques temas polémicos como la escalada en rocódromo, porque todo lo majo que es también lo es de testarudo, je,je. Que conste que lo digo con cariño, y las razones ya las explicaré más adelante.
En fin, aquella noche ya eramos cuatro, entré en mi cuarto, me metí en la cama y caí rendida
, surcando las gigantes nubes que rodean ente lugar...
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